viernes, 1 de mayo de 2026

Vidas perdidas

Los malos trabajos son máquinas de destruir personas. Ya lo dijo Traven en su libro La nave de los muertos: “No se puede exigir que los trabajadores sean decentes, corteses y educados cuando no se les ofrecen las condiciones para que se muestren así. La mugre y el sudor manchan más por dentro que por fuera.” Cada día, cuando llego al trabajo, me encuentro a las señoras de la limpieza. Su mirada, su piel, su ropa, su conversación,… De camino a mi mesa de trabajo me cruzo con compañeros informáticos. Su mirada, su manera de caminar, su forma de saludar (quien lo hace, que son los menos)… Fracasadas unas, fracasados otros. No de la misma manera, ni en el mismo grado. Al menos los informáticos trabajan poco físicamente y lo que les destruye es que lo que hacen sea, la mayor parte de las veces, inútil, al que sumar el comportamiento degradante de sus responsables (jefes, como les gusta que les llamen), que en lugar de preocuparse por el bienestar personal de sus colaboradores lo que hacen es fastidiarles y complicarles la vida. Las mujeres de la limpieza sufren, además del trato vejatorio de responsables irresponsables, la degradación física y mental que supone un trabajo duro y rutinario. Mujeres que podían haber disfrutado del arte, de las relaciones humanas fértiles, de las tareas enriquecedoras, de los placeres de la vida han sido obligadas, para poder sobrevivir, a renunciar a todo lo que nos hace humanos para someterse a tiranos. Quien no lo vive no lo comprende. Ni esto ni nada. Sólo se sufre en piel propia. Los sensibles, que algunos hay, sabrán disculparme.


miércoles, 1 de abril de 2026

Abril 2026

  1. Qué difícil es entender lo sencillo
  2. Es más difícil tener un sueño que lograrlo
  3. El problema de la regla es que cree que no hay excepción
  4. A veces la mejor manera de quitarle la razón a alguien es dándosela
  5. Los mejores momentos, sin duda, los momentos de soledad deseada
  6. Nos reímos de las estupideces que hacen otros, pero que haríamos nosotros
  7. Shakespeare descubrió cómo es el ser humano. Nietzsche, cómo debería de ser
  8. Peor que la injusticia es la impotencia: saber que algo es injusto y no poder hacer nada
  9. A la vida le sigue la muerte, lección que la vida nos repite cada día, pero que no aprendemos
  10. Si defiendes a alguien, defiende a alguien que sea más débil que tú, no te defiendas siempre a ti

domingo, 1 de marzo de 2026

Una vida propia

 Dedicado a mi hermana

Las mujeres de clase media han reclamado, y siguen reclamando, una habitación propia, un espacio donde disponer libremente de su tiempo para escribir. Para no verse obligadas a esconderse, como tuvo que hacer Jane Austen, escribiendo en secreto para que ni las visitas ni las criadas sospecharan de sus verdaderas ocupaciones.

Las criadas no reclamaban, ni reclaman, una vida propia, una oportunidad para aprender a leer y escribir que les brinde, siquiera remotamente, la posibilidad de desarrollar sus inquietudes más humanas y dejar atrás la degradación de servir como esclavas de su propia especie. Para así poder escribir sin odio, sin amargura, sin temor, sin protesta ni sermones.

Si Jane Austen sufrió en algún modo por culpa de las circunstancias, fue por la estrechez de la vida que le impusieron. En aquella época, una mujer no podía recorrer sola las calles. Nunca viajó; nunca cruzó Londres en ómnibus ni almorzó sola en una tienda. Como no lo hizo, ni lo hará nunca, una criada de Jane Austen, porque, quizás, como ella, no suelen desear aquello que nunca han tenido. La imposibilidad de desarrollar su talento y el modo de vida impuesto parecen encajar sin resistencia.

Siento tristeza por tantas y tantas mujeres de clase media y alta sociedad que han visto, y siguen viendo, cercenados sus talentos y su vida constreñida por una sociedad patriarcal. Pero también la siento por aquellas criadas, por esas trabajadoras esclavas que ni siquiera han podido imaginar lo que significa vivir. Sus talentos han sido truncados, su existencia reducida a la supervivencia dentro de un sistema capitalista en el que nacer mujer y pobre equivale a existir solo para que los y las privilegiadas (que pueden tener más capacidades, pero también menos, o incluso ninguna) desarrollen su vida con plenitud.