viernes, 8 de mayo de 2026

Verano en el otoño de la vida


Hoy es mi último día de vida laboral.

De las muchas definiciones de libertad que he escuchado, la que más me cautiva es la que se atribuye a Aristóteles: “Libre es aquel que está donde quiere estar y con quien quiere estar”. He pasado mi vida en un lugar sin costa, pero amo el mar. He convivido la mayor parte de mi tiempo con personas con las que no deseaba estar. La conclusión es sencilla.

Hoy, por fin, aunque me resulte difícil estar donde deseo —mis obligaciones paternofiliales me lo impiden—, al menos podré elegir mi compañía. Seré, al menos, medio libre. Y eso no es poco. Quien ha estado encerrado durante cuarenta y cinco años, u obligado a cumplir una rutina (apenas hay diferencia), puede encontrarse perdido al abrirse la puerta. Tal es la devastación que un trabajo alienante o compartido con personas alienadas puede producir en quien, habiendo nacido para la libertad, ha vivido rodeado de "nacidos para esclavos".

En esto también me remito a Aristóteles: “Hay personas que nacen para esclavos”. No sé si lo decía para justificar el derecho griego a la esclavitud o si se refería a una mentalidad (la diferencia es abismal). Yo me quedo con lo segundo. Desde luego, haberlas, haylas; yo he conocido a muchas. El único matiz que añadiría es que no creo que se nazca con mentalidad de esclavo, sino con genética de esclavo. Este matiz me llevaría por un camino largo que me desviaría de mi propósito hoy: liberarme de las cadenas y del yugo al que tantos años estuve uncido por el simple hecho de haber nacido en una familia pobre.

(Continuará…)


viernes, 1 de mayo de 2026

Vidas perdidas

Los malos trabajos son máquinas de destruir personas. Ya lo dijo Traven en su libro La nave de los muertos: “No se puede exigir que los trabajadores sean decentes, corteses y educados cuando no se les ofrecen las condiciones para que se muestren así. La mugre y el sudor manchan más por dentro que por fuera.” Cada día, cuando llego al trabajo, me encuentro a las señoras de la limpieza. Su mirada, su piel, su ropa, su conversación,… De camino a mi mesa de trabajo me cruzo con compañeros informáticos. Su mirada, su manera de caminar, su forma de saludar (quien lo hace, que son los menos)… Fracasadas unas, fracasados otros. No de la misma manera, ni en el mismo grado. Al menos los informáticos trabajan poco físicamente y lo que les destruye es que lo que hacen sea, la mayor parte de las veces, inútil, al que sumar el comportamiento degradante de sus responsables (jefes, como les gusta que les llamen), que en lugar de preocuparse por el bienestar personal de sus colaboradores lo que hacen es fastidiarles y complicarles la vida. Las mujeres de la limpieza sufren, además del trato vejatorio de responsables irresponsables, la degradación física y mental que supone un trabajo duro y rutinario. Mujeres que podían haber disfrutado del arte, de las relaciones humanas fértiles, de las tareas enriquecedoras, de los placeres de la vida han sido obligadas, para poder sobrevivir, a renunciar a todo lo que nos hace humanos para someterse a tiranos. Quien no lo vive no lo comprende. Ni esto ni nada. Sólo se sufre en piel propia. Los sensibles, que algunos hay, sabrán disculparme.


miércoles, 1 de abril de 2026

Abril 2026

  1. Qué difícil es entender lo sencillo
  2. Es más difícil tener un sueño que lograrlo
  3. El problema de la regla es que cree que no hay excepción
  4. A veces la mejor manera de quitarle la razón a alguien es dándosela
  5. Los mejores momentos, sin duda, los momentos de soledad deseada
  6. Nos reímos de las estupideces que hacen otros, pero que haríamos nosotros
  7. Shakespeare descubrió cómo es el ser humano. Nietzsche, cómo debería de ser
  8. Peor que la injusticia es la impotencia: saber que algo es injusto y no poder hacer nada
  9. A la vida le sigue la muerte, lección que la vida nos repite cada día, pero que no aprendemos
  10. Si defiendes a alguien, defiende a alguien que sea más débil que tú, no te defiendas siempre a ti