- En un pueblo de tontos el listo es el tonto
- Y quien fue despreciado paga con desprecio
- ¿De qué sirve hablar si no te está escuchando?
- Me cuesta entender a los que no tienen nada que contarme
- He encontrado un camino, no es mi camino, pero es un camino
- Quien no disfruta de las ventajas de la modernidad sufre sus inconvenientes
- Pocas cosas hay más gratificantes que hablar sin miedo de temas que tememos
- Cuando descubres la estupidez de la gente puedes aprovecharte o apartarte. Tú eliges
- ¿Cuándo todo es importante, nada es importante? ¿Cuándo nada es importante, todo es importante?
- No des al sacrificio más valor del que pueda tener. Hay caminos arduos que conducen a precipicios
El aprendiz
Llevo veinte años escribiendo un diario de ideas. Hasta ahora ha sido algo tan secreto como un diario personal en el que uno anota intimidades. Se acabó el pudor, a partir de hoy (18 de febrero de 2011), aquí desnudo mi mente.
jueves, 1 de octubre de 2026
Octubre 2026
domingo, 27 de septiembre de 2026
¿Cabemos todos?
Día Internacional del Turismo
Estoy de acuerdo con quienes dicen que, si no cabemos todos, es porque alguien se ha despatarrado.
Pero, dependiendo de para qué, somos muchos. Por ejemplo,
para visitar ciertos monumentos o algunos de los lugares naturales más
hermosos. No quiero decir con esto que unos deban poder visitar la playa de las
Catedrales y otros no, ni que unos puedan entrar en la Sagrada Familia y otros
deban quedarse fuera.
Al contrario. Me desdigo: somos los que somos y seremos los
que seremos. Y todos —en realidad, todavía una minoría; ojalá algún día seamos
todos— tenemos derecho a contemplar las obras más hermosas creadas por la mano
del hombre y los lugares más extraordinarios que nos ha regalado la naturaleza.
El problema aparece cuando no cabemos. Porque poner límites
será inevitable.
Entonces habrá que decidir cómo cabemos, cuánto tiempo
podemos quedarnos, cuánto estamos dispuestos a esperar o qué límites debemos
aceptar para que aquello que queremos disfrutar siga existiendo mañana.
El problema no es que seamos muchos. El problema es quién
decide quién cabe, con qué criterio y, sobre todo, quién acaba pagando el
precio.
martes, 1 de septiembre de 2026
Patriotismo: amor a lo propio, indiferencia a lo ajeno
Existe una necesidad humana de pertenencia, de formar parte de una tribu: un partido político, un club de fútbol, una universidad, incluso una profesión. Esa necesidad es buena. El problema aparece cuando la pertenencia necesita un excluido para afirmarse.
El patriotismo, en su esencia más
pura, es un amor activo: es el cuidado por el entorno común, el compromiso con
mejorar lo que se hereda y la gratitud por el suelo que nos sostiene. Ese amor
no es malo; es, de hecho, un motor de cohesión social.
El problema surge cuando ese amor,
en lugar de ser una relación viva y crítica con la propia comunidad, se
convierte en una adhesión irreflexiva a símbolos que no se cuestionan. Ese
patriotismo ya no es amor por lo que es, sino por lo
que representa una idea fija de uno mismo, y al ser fijo, necesita
defenderse de todo lo que lo cuestione.
No se trata de dejar de sentir
orgullo o amor por lo propio, sino de no dejar que ese amor nos vuelva sordos y
ciegos ante la riqueza y el dolor de lo ajeno. El verdadero patriotismo no
es el que ondea banderas, sino el que se ocupa de que en el propio territorio
quepan muchas historias, muchas procedencias y muchos futuros posibles.
El problema no es amar lo propio, es necesitar que lo ajeno valga menos para que lo propio valga más.