- ¿Vivir sin pensar es sobrevivir?
- Los egoístas confunden privilegios con derechos
- Miserable es el que se protege de la miseria de los demás
- Me gusta la gente que es más inteligente que sus limitaciones
- La soledad no deseada, mata. La compañía no deseada, también
- Si yo estoy bien, el mundo va bien. No me gusta los que piensan así
- Quien no tiene problemas, pero no sabe vivir sin ellos, se los inventa
- La felicidad está en función entre lo que podías haber sido y lo que has sido
- De joven creía que lo que podía hacer un ser humano lo podía hacer cualquier otro. Estaba equivocado
- Los que han pasado hambre sueñan con comer. Lo malo es que, después de haber comido, su nuevo sueño sea comer más
El aprendiz
Llevo veinte años escribiendo un diario de ideas. Hasta ahora ha sido algo tan secreto como un diario personal en el que uno anota intimidades. Se acabó el pudor, a partir de hoy (18 de febrero de 2011), aquí desnudo mi mente.
miércoles, 1 de julio de 2026
Julio 2026
lunes, 1 de junio de 2026
LA28 Olympic Games
The modern Olympic Games begin
with a beautiful ceremony: the lighting of the Olympic flame in Olympia. From
there, the flame travels to the host city — in this case, Los Angeles — where
it lights the cauldron, symbolizing a light that, for a few days, seems to
shine over a world untouched by wars and human misery. It is a truly beautiful
moment.
Before that moment comes the
parade of all the participating nations. More than two hundred delegations
walking through the stadium inevitably makes this part of the ceremony rather
long. But beyond that, I have always felt that this parade by countries does
not fully reflect the Olympic spirit: “friendship, respect, and the pursuit of
excellence.”
I believe the ceremony would be
more dynamic and, at the same time, more faithful to that spirit of brotherhood
and unity if the parade were organized not by countries, but by sports.
Let me explain.
The parade could begin with the
flag bearers of every nation walking together, each carrying their country’s
flag. Behind them would come the different sports: athletics, gymnastics,
swimming… Each athlete could also carry, if desired, a small flag representing
their country.
In this way, there would be
thirty-five groups of athletes instead of more than two hundred delegations,
making the parade far more fluid. But that would not be the most important
thing.
What would truly be beautiful
would be seeing all the athletes of the same sport marching together,
regardless of their country of origin, the color of their skin, or their
religion. Seeing people united by the same passion, walking side by side beyond
borders.
To me, that image feels much
closer to the true Olympic spirit.
***
Los Juegos Olímpicos de la era
moderna comienzan con una hermosa ceremonia: el encendido de la llama olímpica
en Olimpia. Desde allí, el fuego viaja hasta la ciudad anfitriona —en este
caso, Los Ángeles— para prender el pebetero y simbolizar una luz que, durante
unos días, parece iluminar un mundo ajeno a guerras y miserias humanas. Es un
momento verdaderamente hermoso.
Antes de ese instante tiene lugar
el desfile de las delegaciones de todos los países participantes. Más de
doscientas delegaciones recorriendo el estadio convierten inevitablemente esa
parte de la ceremonia en algo algo larga. Pero, más allá de eso, siempre he
pensado que ese desfile por países no termina de encajar del todo con el
espíritu olímpico: “amistad, respeto y búsqueda de la excelencia”.
Creo que la ceremonia sería más
ágil y, al mismo tiempo, más coherente con esa idea de hermandad y unión si el
desfile no se hiciese por países, sino por deportes.
Me explico.
El desfile podría comenzar con
los abanderados de todos los países juntos, cada uno portando la bandera de su
nación. Detrás desfilarían los distintos deportes: atletismo, gimnasia,
natación… Cada deportista podría llevar, si así se desea, una pequeña bandera
de su país.
De esta forma habría treinta y
cinco grupos de deportistas, y no más de doscientos, lo que haría el desfile
mucho más dinámico. Pero lo más importante no sería eso.
Lo verdaderamente hermoso sería
ver a todos los deportistas de un mismo deporte desfilando juntos, sin importar
su país de origen, el color de su piel o su religión. Ver a quienes comparten
la misma pasión caminando unidos, más allá de las fronteras.
Esa imagen me parece mucho más cercana al verdadero espíritu olímpico.
viernes, 8 de mayo de 2026
Verano en el otoño de la vida
Hoy es mi último día de vida laboral.
De las muchas definiciones de
libertad que he escuchado, la que más me cautiva es la que se atribuye a
Aristóteles: “Libre es aquel que está donde quiere estar y con quien quiere
estar”. He pasado mi vida en un lugar sin costa, pero amo el mar. He convivido
la mayor parte de mi tiempo con personas con las que no deseaba estar. La
conclusión es sencilla.
Hoy, por fin, aunque me
resulte difícil estar donde deseo —mis obligaciones paternofiliales me lo
impiden—, al menos podré elegir mi compañía. Seré, al menos, medio libre. Y eso
no es poco. Quien ha estado encerrado durante cuarenta y cinco años, u obligado
a cumplir una rutina (apenas hay diferencia), puede encontrarse perdido al
abrirse la puerta. Tal es la devastación que un trabajo alienante o compartido
con personas alienadas puede producir en quien, habiendo nacido para la
libertad, ha vivido rodeado de "nacidos para esclavos".
En esto también me remito
a Aristóteles: “Hay personas que nacen para esclavos”. No sé si lo decía para
justificar el derecho griego a la esclavitud o si se refería a una mentalidad
(la diferencia es abismal). Yo me quedo con lo segundo. Desde luego, haberlas,
haylas; yo he conocido a muchas. El único matiz que añadiría es que no creo que
se nazca con mentalidad de esclavo, sino con genética de esclavo. Este matiz me
llevaría por un camino largo que me desviaría de mi propósito hoy: liberarme de
las cadenas y del yugo al que tantos años estuve uncido por el simple hecho de haber nacido en una familia pobre.
(Continuará…)